¿El Sevilla será un nuevo Florencia?

Tras preceder a Luis Enrique en Roma y sustituir al Cholo Simeone en Catania, Vincenzo Montella encontró en Florencia el mejor lugar posible para erigirse en el mayor representante del “Nuovo Calcio”.

“Fue un reto duro, superado a lo grande por todos. Cambiamos 18 jugadores, tomando además decisiones tácticas arriesgadas para reconquistar al público. Durante tres años el equipo divirtió y obtuvo resultados, con una gestión de autofinanciación que a día de hoy aún se comenta”, explicaba ya como técnico milanista. Su trabajo en la ACF Fiorentina, a pesar de no recibir ningún premio en forma de título, fue uno de esos trabajos que cambian carreras. Más allá de lo vistosa de la propuesta en sí, su éxito radicó en la notable competitividad que logró alcanzar desde conceptos muy diferentes a los que se estilaban en una Serie A que necesitaba renovarse.
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Centrocampistas de corte eminentemente asociativo, centrales con un papel fundamental en salida y mucho futbolista por delante de línea de balón. Los laterales cada vez más arriba, los picos del área siempre ocupados y los diez jugadores de campo permanentemente instalados en la mitad contraria del campo. ¿Y el sistema? Del 4-3-3 al 3-5-2 había diferencias, sobre todo por los futbolistas, pero la intención era la misma: formar triángulos a lo largo y ancho de todo el campo buscando dominar y agredir al rival a partir de la pelota.
En Milan esto no funcionó tan bien. La falta de velocidad y de fluidez en la circulación propició que, más allá de las intervenciones de Suso o los meses de Deulofeu, el equipo milanista no encontrara con tanta facilidad los caminos para agredir a los contrarios. El control de la posesión, a menudo, fue estéril. Faltaba Borja Valero.

El madrileño dejó La Liga justo en ese punto de su carrera en el que los centrocampistas españoles explotan y, por eso, no tiene la consideración en España que ahora tiene en Italia. Primero en la Fiore, ahora en el Inter de Milan, Borja Valero se convirtió en un futbolista imprescindible para dos técnicos que necesitan de jugadores así para desarrollar sus ideas. De hecho, la diferencia entre los dos equipos de Milan esta temporada se puede explicar, grosso modo, a partir de lo que Spalletti sí tuvo y a Montella le faltó.
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En Sevilla, sin embargo, esa figura no le va a fallar. Ever Banega es precisamente ese tipo de futbolista que, en campo contrario, es capaz de comandar cada secuencia ofensiva a poco que el balón le llegue mejor de lo que le llegó con el Toto Berizzo. En esto, además de la pizarra del propio Montella, puede ser clave el regreso de N’Zonzi. El francés, tomando el rol que actualmente interpreta Guido Pizarro, puede facilitar y agilizar aún más esa serie de procesos que el técnico italiano va a necesitar ejecutar rápidamente para hacer competitiva su idea. A fin de cuentas, en Italia no se presiona como en España. Aquí cada pase tiene una dificultad que superar.

La altura de laterales como Sergio Escudero, la movilidad de Pablo Sarabia (quizás por dentro), la posibilidad de ver a Joaquín Correa como segunda punta, el recorrido que pueda tener el tercer centrocampista… Todo va a depender de que el balón le llegue a Banega como en la Fiore le llegaba a Borja Valero: de cara y en el círculo central. Si eso sucede, Sevilla puede ser la nueva Florencia.