Iniesta

La Eurocopa de 2012 generó un contexto de comodidad muy relativa. La España de Xabi Alonso, Busquets, Xavi Hernández, Silva, Fàbregas y el propio Iniesta era un paraíso a nivel de conservación de la pelota; un enorme rondo en el que el excepcional tacto del manchego para decidir entre intervenir o no en la jugada y después, con su exquisita técnica, darle la continuidad necesaria, le permitió fases de auténtico relax. El problema que esa España podía encontrar era de desborde y profundidad, y de nuevo se compensó a través de Andrés. El tiempo y espacio que éste le dio a Jordi Alba y por supuesto, esa ingente cantidad de pequeñas ventajas que el canterano culé generaba recibiera a la altura que recibiera, llevaron un sistema defensivo a ser ‘tranquilamente ganador’. Si la España del control abusivo fue capaz, además de defenderse con pelota, de arrasar el arco rival, volvió a tener en el manchego su gran pilar.
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La falta de un update vencedor entre 2014 y 2016 ponen el rendimiento del combinado español en cierta duda de cara al próximo Mundial de Rusia, pero el impacto de Julen Lopetegui en el equipo, un técnico mucho más dispuesto a intervenir que su predecesor, ha vuelto a dar la sensación de que España haya encontrado una fluidez imprescindible para que Iniesta tenga un papel protagonista. La red de seguridad que los “Xabis” diseñaron ha pasado a mejor vida, pero Isco, Koke, Silva y Busquets pueden alimentar a Andrés desde el pase y permitirle vivir en un escenario que aún le haga dirigir los ataques del combinado español. Ahora Isco le pedirá menos jugadas delante de la línea de la pelota, pero Andrés, como siempre, encontrará su espacio. Aquel lugar de la Mancha se llamaba Fuentealbilla, y el fútbol español está obligado a dar las gracias por descubrirlo.
Hubo una evolución en Iniesta en el propio Mundial de Sudáfrica, pero todo el proceso estuvo marcado por la base innegociable para Vicente del Bosque: Busquets y Xabi Alonso iban a jugar siempre por detrás de la línea de balón, y eso condicionaba el sistema de forma radical. Iniesta mantuvo recepciones en posición de extremo izquierdo pero, con el asturiano esperando para iniciar la carrera desde ese perfil, su peso en el carril central a una altura diferente del doble pivote y buscando encontrarse con Xavi Hernández, el interior derecho, fue constante. Puede decirse que desde el encuentro ante Chile en la tercera jornada de la fase de grupos de Sudáfrica 2010, la España que poco después iba a proclamarse campeona del mundo comenzó a ser de forma definitiva la España de Andrés Iniesta.
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En el tramo final de torneo, con la entrada de Pedro, el movimiento de ruptura comenzó a llegar de forma más constante desde la banda derecha, de modo que Del Bosque terminó de definir esa España en la que Iniesta tenía protagonismo tanto en la conservación del balón como en el desequilibrio. El de Fuentealbilla comenzó a ser un apoyo en salida para el pase de Xabi Alonso, una referencia entre líneas para conectar con Xavi, y lo que ha venido definiendo a Iniesta con la selección española: el regate en el pico izquierdo del área para que la jugada terminase de acelerar. La final frente a los Países Bajos le terminó de situar en el altar del fútbol español, pero su importancia en el juego de un combinado que había conseguido ganar de forma consecutiva una Eurocopa y un Mundial ya venía siendo total.